Finalmente un primer mes en Japón lleno de papeleos, búsquedas y descubrimientos, da paso al momento de formar una rutina. En esta entrada os cuento cómo busqué escuela, el proceso de selección y cómo van las clases para que podáis entender porqué no he podido escribir nada en un porrón de días.
Lo primero de todo fue la búsqueda de escuela. En Tokyo las escuelas de japonés para extranjeros se dividen en categorías dependiendo de lo que el estudiante busque. Hay escuelas que tienen un rendimiento más bajo (para aquellos que no tengan prisa o presión de aprender el idioma en el menor tiempo posible) y las hay que te preparan para los JLPT única y exclusivamente. Entre medias, escuelas de negocios, cursos de conversación… Vamos que hay para todos los gustos.
La escuela que yo elegí es de intensidad media-alta. Esto quiere decir que los cursos son de 3 meses y al final de cada uno hay un examen de aptitud para promocionar al siguiente nivel o repetir el mismo para afianzar conocimientos. Son 8 niveles y si se va a buen ritmo en 2 años se puede completar empezando desde el básico. Yo pasé un par de exámenes de nivel al haber estudiado japonés antes, así que me he saltado un par de cursos.

Físicamente, está en el céntrico barrio de Shin Okubo, también conocido como barrio coreano por la cantidad de restaurantes y tiendas de este país que se amontonan en las calles. Es una escuela no muy grande, aunque está perfectamente equipada, y las clases tienen un máximo de 12 alumnos, lo que hace que sean clases muy interactivas. Todo el personal es realmente amable y hacen cierto esfuerzo por acordarse de todos los alumnos. Los profesores, como en todos lados varían, pero en general son profesionales y atentos. Mis dos tutores este curso son maravillosos desde un punto de vista personal y esto hace que esté disfrutando realmente las lecciones.
Las clases duran 4 horas en horario de mañana o tarde a elegir y se dividen en 4 bloques que se repiten a lo largo de la semana. Los puntos principales que estudiamos son gramática y kanjis y los intercalamos con prácticas de lectura, escritura y escucha. Además introducen el shadowing, una serie de frases de uso cotidiano que hemos de repetir para incorporarlas a nuestro uso del idioma y acercarnos a su pronunciación correcta. En general se usa mucho la repetición como método de estudio y personalmente creo que funciona mejor que intentar avanzar sin sentido.
En Japón sucede una cosa muy curiosa y es que dan mucha importancia al auto-estudio. Los alumnos son considerados suficientemente responsables para gestionar las materias que ya se han dado o para avanzar en aquellas que se van a dar. Nuestros profesores, a pesar de ser nosotros extranjeros y ajenos a este método de estudio, dan por sentado que vamos a revisar y adelantar las lecciones cuando no tenemos clase. Esto transmite cierto sentimiento de satisfacción a la hora de revisar materia en clase y poder responder por haberlo leído antes, siendo las clases una manera de resolver dudas.
Personalmente, considero que el enfoque que se le da a la enseñanza en Japón es muy recomendable en ciertos aspectos y cuestionable en otros. Me explico. Los profesores tienen muy alta consideración en la escala social, pues son los educadores de las nuevas generaciones y han de ser respetados por ello. Así mismo, la relación entre alumnos y profesores es mucho más interactiva y personal que en otros países.
La jerarquización que se hace entre alumnos de cursos superiores e inferiores (senpai-kouhai) es positiva a la hora de entablar lazos de amistad y apoyo, siempre y cuando no se convierta en opresiva y derive en acoso escolar (que al contrario de lo que se piensa, en Japón es muy común) El nivel de exigencia es muchas veces demoledor y la destrucción de la mentalidad individual para sustituirla por la de grupo es absoluta. Cualquier intento de despunte o distinción del resto es visto con negatividad y aislado o neutralizado con la presión de grupo.
Tras esta pequeña reflexión, sólo me queda ponerme a estudiar. Estudiar japonés estando en el país es verdaderamente motivador, puesto que puedes practicar aquello que estudias y aprender mucho más del propio uso y visionado de palabras. Ahora sí, cuando me preguntan si quiero estudiar aquí en una universidad o grado superior, siempre digo que tengo que pensármelo dos veces visto lo visto 😉


