4. Escuela y aprendizaje

Finalmente un primer mes en Japón lleno de papeleos, búsquedas y descubrimientos, da paso al momento de formar una rutina. En esta entrada os cuento cómo busqué escuela, el proceso de selección y cómo van las clases para que podáis entender porqué no he podido escribir nada en un porrón de días.

Lo primero de todo fue la búsqueda de escuela. En Tokyo las escuelas de japonés para extranjeros se dividen en categorías dependiendo de lo que el estudiante busque. Hay escuelas que tienen un rendimiento más bajo (para aquellos que no tengan prisa o presión de aprender el idioma en el menor tiempo posible) y las hay que te preparan para los JLPT única y exclusivamente. Entre medias, escuelas de negocios, cursos de conversación… Vamos que hay para todos los gustos.

La escuela que yo elegí es de intensidad media-alta. Esto quiere decir que los cursos son de 3 meses y al final de cada uno hay un examen de aptitud para promocionar al siguiente nivel o repetir el mismo para afianzar conocimientos. Son 8 niveles y si se va a buen ritmo en 2 años se puede completar empezando desde el básico. Yo pasé un par de exámenes de nivel al haber estudiado japonés antes, así que me he saltado un par de cursos.

Tienda de productos K-pop de Shin Okubo

Físicamente, está en el céntrico barrio de Shin Okubo, también conocido como barrio coreano por la cantidad de restaurantes y tiendas de este país que se amontonan en las calles. Es una escuela no muy grande, aunque está perfectamente equipada, y las clases tienen un máximo de 12 alumnos, lo que hace que sean clases muy interactivas. Todo el personal es realmente amable y hacen cierto esfuerzo por acordarse de todos los alumnos. Los profesores, como en todos lados varían, pero en general son profesionales y atentos. Mis dos tutores este curso son maravillosos desde un punto de vista personal y esto hace que esté disfrutando realmente las lecciones.

Las clases duran 4 horas en horario de mañana o tarde a elegir y se dividen en 4 bloques que se repiten a lo largo de la semana. Los puntos principales que estudiamos son gramática y kanjis y los intercalamos con prácticas de lectura, escritura y escucha. Además introducen el shadowing, una serie de frases de uso cotidiano que hemos de repetir para incorporarlas a nuestro uso del idioma y acercarnos a su pronunciación correcta. En general se usa mucho la repetición como método de estudio y personalmente creo que funciona mejor que intentar avanzar sin sentido.

En Japón sucede una cosa muy curiosa y es que dan mucha importancia al auto-estudio. Los alumnos son considerados suficientemente responsables para gestionar las materias que ya se han dado o para avanzar en aquellas que se van a dar. Nuestros profesores, a pesar de ser nosotros extranjeros y ajenos a este método de estudio, dan por sentado que vamos a revisar y adelantar las lecciones cuando no tenemos clase. Esto transmite cierto sentimiento de satisfacción a la hora de revisar materia en clase y poder responder por haberlo leído antes, siendo las clases una manera de resolver dudas.

Personalmente, considero que el enfoque que se le da a la enseñanza en Japón es muy recomendable en ciertos aspectos y cuestionable en otros. Me explico. Los profesores tienen muy alta consideración en la escala social, pues son los educadores de las nuevas generaciones y han de ser respetados por ello. Así mismo, la relación entre alumnos y profesores es mucho más interactiva y personal que en otros países.

La jerarquización que se hace entre alumnos de cursos superiores e inferiores (senpai-kouhai) es positiva a la hora de entablar lazos de amistad y apoyo, siempre y cuando no se convierta en opresiva y derive en acoso escolar (que al contrario de lo que se piensa, en Japón es muy común) El nivel de exigencia es muchas veces demoledor y la destrucción de la mentalidad individual para sustituirla por la de grupo es absoluta. Cualquier intento de despunte o distinción del resto es visto con negatividad y aislado o neutralizado con la presión de grupo.

Tras esta pequeña reflexión, sólo me queda ponerme a estudiar. Estudiar japonés estando en el país es verdaderamente motivador, puesto que puedes practicar aquello que estudias y aprender mucho más del propio uso y visionado de palabras. Ahora sí, cuando me preguntan si quiero estudiar aquí en una universidad o grado superior, siempre digo que tengo que pensármelo dos veces visto lo visto 😉

3. Descubrimientos que se hacen caminando sin rumbo

Una de las cosas que he descubierto que me gustan más de cambiar de ambiente es que comienzas a fijarte en cosas que antes dabas por sentadas y habían perdido su magia. Cuando uno lleva muchos años viviendo en el mismo sitio, pierde la ilusión de descubrir y explorar, y viajar nos devuelve un poco de esa curiosidad de cuando somos pequeños.

Tokyo es una ciudad de contrastes. Lo mismo vas caminando por una calle principal llena de gente (pero llena del punto de tener que caminar más despacio o que vengan guardias a dirigirnos por las aceras) y así de pronto giras por una calle secundaria y puf, todo el mundo ha desaparecido y por no haber no hay ni ruido… Lo cual es chocante en un principio porque en una ciudad así poco esperas que pasen estas cosas. Y así como chocan, las agradeces instantáneamente como escape al bullicio que muchas veces ni sabes de dónde viene.

Que cómo puede ser esto posible. Pues si bien Tokyo tiene millones de habitantes que se desplazan, turistas que llenan los centros de las guías de viajes y cientos de coches, bicis, motos… que deberían convertir la ciudad en un avispero, no ocurre. La gente no habla por las calles y si lo hacen es a un volumen tan bajo que muchas veces te preguntas si realmente se escuchan. Los trenes son lugares donde se puede hablar bajo, pero el teléfono hay que ponerlo en silencio, la música baja y nada que pueda molestar. Y aunque el tráfico tiene aspecto de ser infernal, nadie hace sonar el cláxon. En resumen, es un misterio de dónde sale el ruido (además de los turistas que se ven a leguas).

Por otra parte, es muy bonito salir a pasear sin tener idea del destino y encontrarte maravillas que no aparecen en los mapas. Parques, templos, riachuelos, edificios… todo es un contraste de modernidad y tradición, naturaleza y mega construcciones. Muchas de las calles no tienen ni aceras y muchas veces parece que vas paseando por un pueblecito de casas bajas más que por una de las capitales más pobladas del mundo. Es por eso que aunque haga calor (de ir con toalla al cuello) merece salir.

Anécdota de cómo encontré mi nuevo paseo favorito. Mi casa está relativamente cerca de Koenji (templo) y decidí ir a visitarlo, primero porque estaba a distancia de caminata y segundo porque mi casa entre mediodía y las 18h es un infierno. Pues bien, la llegada la hice sin mayor problema por calles grandes, y resulta que el templo en sí está cerrado al público, pero como el cartel estaba en kanji y no lo traduje hasta que salí, pues yo entré con toda mi pachorra (esto me ganó algunas miradas cuestionadoras, pero pensé que era por ser extranjera) Pues bien hasta aquí todo normal (noté que me picaban un par de mosquitos, pero incluso eso es pasable).

A la vuelta decidí que prefería volver sin mirar el móvil y eché a caminar. Como mi capacidad de concentración no dura mucho y cada rato encontraba algo interesante, terminé perdiéndome. Y en mi pérdida, encontré. Primero un parque la mar de agradable para sentarse a descansar un rato bajo los árboles y en el que estuve charlando con una abuelita muy simpática y paciente (le pedí que me repitiese las cosas como una docena de veces, pero no pareció molestarle).

Continuando, encontré un taller de tatamis y me quedé un rato viendo cómo el señor artesano hacía uno, lo cual me fascinó (y al señor le hizo gracia que me quedase pasmada). Finalmente, llegué a una calle de pequeñas tiendas de frutas, verduras y cosas japonesas que no estoy preparada para clasificar, pero que eran entre bonitas y apetecibles y verdes y con poca pinta comestible.

Conclusión: hallé lo que se podría encontrar en cualquier pueblo castellano en su versión japonesa y me hizo realmente ilusión ver cómo miles de kilómetros pueden cambiar el estilo decorativo, la cultura… pero no cambian el espíritu. La sensación es la misma y esta es la magia de caminar sin rumbo; el descubrir que a pesar de los contrastes, uno puede adaptarse siempre y cuando tenga espíritu de búsqueda y aprendizaje (y sobretodo ganas de aprender un idioma basado principalmente en los sentimientos).

2. Periodo de búsqueda y adaptación

Tras la primera entrada de este blog que ha servido un poco de pre-operatorio de la estancia, paso a contar cómo han sido las primeras semanas tras el aterrizaje y alguna que otra curiosidad que nunca vienen mal para alegrarle la tarde a alguien.

Cuando se llega a un país nuevo para quedarse por un tiempo, hay que hacer una lista previa de cosas para poder organizarte, mucho más si el país en cuestión es un giro de 180º con respecto al de origen. Ya incluso habiendo preparado una lista de prioridades muchas pueden verse truncadas como os cuento a continuación.

Yo tenía muy claro mis prioridades de papeleo y búsqueda de casa y escuela. Hasta aquí todo bien. Ya incluso había empezado a buscar piso y academia en España para llevar algo adelantado, puesto que todos los blogs me hablaban de la dificultad que entrañaba encontrar piso entre otros. Pues bien, con todo ya preparado y estudiado, he de afirmar (no sin cierta diversión, ahora mirando hacia atrás) que nada salió como lo había planeado.

Ya de entrada, pasando aduanas a mí me dieron la tarjeta de residente sin tener que hacer yo nada, lo cual me dio esperanzas que la gente exageraba con respecto al papeleo. La llegada del aeropuerto a mi hotel-apartamento también fue relativamente sencilla, e incluso me animé a hablar con el taxista, que no entendía nada que no fuera japonés. Con la ilusión de alguien que se lanza a por todas, me propuse tener todo hecho en el menor tiempo posible. Y hasta aquí llegó lo planeado. De aquí para adelante ha sido todo un poco la pescadilla que se muerde la cola en algunos aspectos.

Ya de primeras, los horarios y las distancias no son los mismos, así que calcularlos es vital. Todo abre pronto y cierra pronto, y las distancias son bastante más extensas de lo que parecen en principio. El sistema de transportes no es que sea confuso, aunque si ya de entrada se pierden ellos mismos siendo nativos os podéis imaginar para un recién llegado. En otra entrada os hablaré del sistema de transportes, porque merece mucho la pena hablar de él (os dejo una pequeña perla para que admiréis el entramado)

Pues bien, una vez te lanzas al metro, más bien siendo arrastrado por la gente, y llegas a tu destino (dos o tres vueltas más de las necesarias) la gente te sorprende por su amabilidad y disposición a ayudar en el menor tiempo posible. El papeleo de la embajada fue sumamente fácil y hacer un contrato de teléfono también. El sello me lo tenían en menos de 24h y concentrados en 2-3 días tenía varias visitas a pisos arregladas. La academia me mandó un par de tests y una cita para la entrevista oral con la profesora para decidir mi nivel y la cuenta del banco podría abrírmela una vez tuviese piso.

Y claro yo todo emocionada porque iba a tener todo controlado en menos de una semana. Ja Ja Ja. Que chiste!

Tras hacer las visitas a los pisos y decidirme por un par de ellos comenzaron los peros. Que si necesitaba una persona de contacto de emergencia en Japón (que tengo, pero no quiero molestarles con estas cosas y no quería dar sus datos), que si tengo que tener trabajo, que si al ser extranjera tengo que tener avalista… Vamos todo pegas para poder alquilar un piso con agencias que explícitamente te informan que trabajan con extranjeros y en principio te facilitan las cosas. Todo mi trabajo de búsqueda en España a la basura.

Al final, gracias a una amiga, encontré una agencia que trabaja con extranjeros que sí me facilitó las cosas (por supuesto los pisos son el doble de caros, pero qué se le va a hacer). En un día hicimos las visitas y en el mismo día ya tenía el piso reservado. Así que no todo fue como esperado, pero en dos semanas ya he terminado con las prioridades, por lo que en parte las dificultades mencionadas no son tan inabarcables como pueden parecer en principio.

Tras esta montaña rusa de búsquedas, casi más complicado que encontrar el Santo Grial, he comenzado a visitar Tokyo y a adaptarme a su estilo de vida.

Como comienzo, la vida se suele hacer entre las 7am y las 7pm en barrios residenciales, y cuidado con salir más tarde que puede que no te cruces con nadie por el camino. Ya me ha pasado un par de veces llegar pasadas las 10pm y no cruzarme con nadie en 15 min de camino a casa. No es siniestro porque como nunca suele pasar nada, pues vas tan tranquilo. El desayuno se hace pronto, se come entre 12 y 13h y se cena entre las 18:30-20h.

Ahora, si estás en zona centro y turística, olvídate de quedarte solo. Vayas por donde vayas hay gente! Y da igual la hora del día, hay gente. Da igual que sólo quepa una persona en el callejón, te cruzas con 3. Da igual si no hay farolas, las luces de las tiendas te alumbran todo el camino si es necesario. Es una sensación vibrante y un poco abrumadora, puesto que no importa dónde mires encuentras algo digno de tu atención.

Kabukicho Street y su famoso Restaurante de Robots

Con todo esto voy tirando hacia delante en búsqueda de más descubrimientos y experiencias nuevas. Ya tengo un par de conocidos (un mexicano y una murciana) que hacen que este periodo de prueba sea mucho más agradable y llevadero y que no paran de decirme que tenemos que hacer mil cosas. Que sí que me quedo un año, pero parece que no me va a dar tiempo a todo!! Aquí os dejo hasta la próxima con más cosinas nuevas! Buena semana 🙂

1. Cómo se viene a parar a Japón

Es la primera pregunta que surge a todo aquel al que comento que me he venido a vivir a Japón durante un año. Que si no está muy lejos, que si no me da miedo irme sola, que qué voy a hacer durante un año … Y yo me planteo otra: ¿Y por qué no?

Los que me conocen desde hace un tiempo (y los que no también porque soy muy cansina con respecto a este tema) conocen mi pasión por tema Japón. Al inicio fue por pura diversión y por poder decir que entendía los animes que devoraba en ratos muertos. Luego ya cambié de idea y mantuve la ilusión a pesar del reto que supone estudiar un idioma como el japonés. Para que os hagáis una idea, el primer día de clase de primer año la profesora nos soltó que el japonés era un idioma que habían creado ellos con el fin de que sólo lo pudiesen hablar ellos y fuese casi imposible a un extranjero hablarlo bien (calenticos empezamos).

Pues tras 5 años de estudio corroboro lo que mi sabia profesora soltó: es un idioma casi imposible de aprender salvo que vivas inmerso en la cultura del país. Y sólo hay una forma de conseguir eso que es viniendo a la fuente del conocimiento. En cuanto acabé tema estudios empecé a buscar opciones. Visado de trabajo es casi imposible de conseguir salvo que una empresa con sedes fuera de Japón te contrate o seas la pera limonera y te contraten así por las buenas. Estudiante es bastante caro y te limita mucho la estancia a ser sólo estudiante.

Finalmente encontré mi opción: Working Holiday. Como su nombre indica es como un año sabático en el que te permiten vivir y trabajar en el país de destino. Así a priori suena perfecto y no es muy difícil conseguir todos los papeles para obtenerlo. Una vez te confirman que todo está bien y que tendrás que recoger el visado en un par de días, ya comienza la batalla real.

En mi caso, dejé mi trabajo y empecé a buscar a diestro y siniestro todo aquello que se necesita cuando se comienza una vida en otro país. Lo básico: un piso, una academia, cómo funciona el transporte, abrirse una cuenta en el banco, seguros de salud… Cuanto más buscaba más clara tenía una idea en mi cabeza: no iba a ser sencillo. Todas aquellas personas que por vídeos o blogs comentaban sus experiencias coincidían en un punto, los extranjeros no lo tienen fácil. No ya por la barrera idiomática (que sí es importante) sino por el mero hecho de ser extranjeros y la imagen que los japoneses tienen de nosotros independientemente de dónde vengamos.

Pues bien, ignorando todas las ideas negativas que estaba recibiendo (bien por insensatez, bien por ilusión cegadora) billetes de avión y una primera reserva en un apartamento turístico, aquí me planté con una desconcertante calma y positividad que todavía me dura y que es la que quiero compartir a lo largo de mi estancia durante este año por medio del blog. A medida que avance en mi estancia, compartiré con aquellos que queráis acompañarme en esta aventura todas las cosas que ocurran, ya sean buenas o malas, curiosas o mundanas y sobretodo diferentes.

Quiero aprovechar para animar a todos aquellos que queráis empezar una nueva vida aquí o en cualquier sitio a hacerlo. Sin prisa y así a lo loco, pero tampoco poniendo pegas a todo. No existe cosa más negativa y paralizante que el miedo, y es algo que se debe confrontar de la manera que cada uno se vea capaz. Es un poco cliché decir que vida sólo hay una y hay que vivirla. Sin embargo, a medida que pasa un tiempo, ves cómo hay cosas que nos retienen anclados en una existencia vacía y sin motivaciones. Desprenderse de algo no es fácil, e incluso a veces es doloroso, pero en muchos casos es dar un pequeño paso atrás para saltar adelante.

Amigos, conocidos y familia siempre van a estar ahí independientemente de la distancia, la diferencia horaria y el tiempo que pase sin vernos cara a cara. Por eso mismo, yo dí mi salto (si no al vacío muy parecido) sin redes, con mucha ilusión y sin arrepentimiento de nada. Porque Japón está muy lejos, pero también muy cerca. ¿Y por qué no?